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Como sabéis, hace ya unas semanas que he comenzado a contaros en el blog diferentes experiencias que he vivido como escort independiente en Barcelona. Si en mi última entrada os hablé de una experiencia vip en el Mediterráneo, hoy os quiero explicar un encuentro más sexual, ya que muchos de vosotros me lo estáis pidiendo.

Os quiero contar una historia de sexo vivida con…. Pongamos que se llamaba Antoine, ya sabéis que no desvelo la identidad de mis acompañantes para preservar su intimidad.

Antoine me escribió un email desde París, en un castellano un poco confuso (supongo que fruto de la ayuda de Google) me explicaba que iba a venir a pasar unos días a Barcelona para conocer la ciudad, que viajaría solo y que quería un poco de compañía. En su correo me hacía preguntas acerca de mis servicios como acompañante de lujo. Se centraba principalmente en el tipo de servicios sexuales que ofrecía, así como cuáles podrían ser los lugares de encuentro. Parecía que Antoine sabía bien lo que quería porque en cuanto le contesté, tardo 5 minutos en confirmar nuestra cita.

Experiencia sexual entre fresas y hielo

Quedamos en una habitación del Hotel Catalonia Barcelona Plaza. Llegué a eso de las diez de la noche. Antoine me invitó a entrar en la habitación, me dio un beso en la boca y me preguntó si me importaba sentarme junto a él a ver terminar un partido de fútbol que daban en la televisión, mientras charlábamos un rato y tomábamos una cerveza. No paraba de mirarme y creo que le atraje tanto que el se olvidó en seguida del fútbol.

Cuando nos dimos cuenta de que el partido había terminado -seguramente hacía ya varios minutos- me preguntó si me apetecía tomar algo antes de ir a la cama. Me di cuenta que el francés tenía ganas de una noche intensa y quería recargar las pilas.

Como los dos ya habíamos cenado, pidió una botella de cava y unas fresas con nata al servicio de habitaciones. Mientras llegaba el pedido, me dijo en un castellano chapurreado que podía desnudarme y meterme en el jacuzzi. Él se sentó dispuesto a ver como me quitaba la ropa así que me fui desvistiendo poco a poco, provocándole con la mirada y mis gestos a la vez que le acariciaba el cuerpo. Él comenzó a masturbarse mientras me miraba, supongo que quería prepararse para la acción.

Justo cuando terminé de desvestirme sonó la puerta así que me dirigí hacia el jacuzzi y lo puse en marcha. Al rato llegó Antoine con una bandeja en las manos, completamente desnudo y con su pene totalmente dispuesto, era una situación graciosa así que ambos nos reímos.

Después de tomarnos unas copas de cava y juguetear un rato con las fresas con nata, le di un masaje sensual por todo el cuerpo. Luego nos fuimos a la cama. Allí me dijo que una de sus zonas más erógenas eran sus pezones, quería que se los besase, mordisquease suavemente y pellizcase. Así lo hice y me sorprendió su grado de excitación ante mis gestos. Al ver que su nivel de placer crecía, decidí coger unos hielos que todavía quedaban en la cubitera del cava, al pasárselos por los pezones creí que Antoine iba a llegar al orgasmo ahí mismo.
Bajé un poco la intensidad y seguimos jugando con el hielo y nuestros cuerpos. Después continuamos con besos húmedos para finalizar haciendo el amor en todas las posturas posibles… Cuando acabamos me quedé un rato hablando con Antoine, que cada vez me parecía una persona más divertida. Pasadas unas horas me despedí de él y me fui en un taxi de madrugada a mi casa.

De vez en cuando Antoine me escribe, recuerdo aquellos juegos con el hielo y me sale una sonrisa.